
Cuando salga el sol estaremos dispuestos a abrir los ojos y a encerrarnos en una razón. De vidrio contemplamos los risueños cantos del azar. Avanzamos predicando cada palabra que cruza nuestra mente. Visualizamos lo ideal y plasmamos un propósito.
El que entienda se gana un premio.
Vi aquel día de horror un pálpito que avanzó de boca en boca. Logró intrigarme y también logré seguirlo. Conseguí falsas pruebas de lo real que llevaba, y reales pruebas de la maldad que
no contaba. A eso, desde hoy, lo llamo decepción. Lo agrego a la lista de decepción.